martes, 18 de septiembre de 2012

Todo.

Nada, y otra vez más nada, y caminar sobre nada, y sufrir sobre nada, y gozar sobre nada. Y nada en la nada, y ninguna nada. Nada sobria, nada ebria, nada. Masticando nada, tomando nada, viviendo nada, nada otra vez. Nada vieja y nada nueva, una nada común y corriente y una nada mística e incontenible. Nada puesta, usando nada. Nada querida, nada. Nada aborrecible, nada despreciable. Nada irascible e intranquila. Nada calma y comprensiva. Nada estática y un huracán de nada. Un trueno de nada, una nube de nada, nada de nada. Nada arriba y nada abajo. Nada atrás, nada adelante. Nada en el pecho, nada en la cabeza. Nada que te pueda decir, nada que puedas ver. Nada que te puedas imaginar. Nada cerca, nada lejos, nada de qué quejarse. Nada mucha y nada eterna. Nada viva y nada muerta. Nada que quiera, nada que pida. Nada mustia, nada alegre. Nada en nada. Con nada en los pies y la más nada de las nadas en la cabeza.

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