lunes, 24 de septiembre de 2012

Parodia de la vida a pequeña escala.

Le grito al Señor Segundo: "¡Sos porque yo quiero que seas! ¡Y vas a seguir siendo lo que quiera!". Y el Señor Segundo se inmola sonriente contra mí en un acto suicida involuntario, y mi fábula se renueva con más intensidad con el siguiente Señor Segundo que viene a completar su inevitable ciclo kamikaze. Y nos reímos, nos reímos una porción de su trabajo. Nos reímos de la ironía de reir, nos reímos antes de que se vaya para siempre. Y nos reímos antes de que se extinga, porque se lleva algo de mí, y se lo lleva para siempre. Nos causa, a ambos nos causa su efímera existencia, la fugacidad de su rol y su botín. Nos reímos hasta descostillarnos, hasta olvidarnos que se está yendo, que se va, que se fue y me dejó todo de sí y se llevó sólo un segundo de mí y me dejó un segundo de vida y algo más, como si eso fuera poco. Nos mentimos un hasta siempre para no sufrir por no poder volver a reir juntos, y se plasma en mi ser, para hacerme, para matarme un poco, porque no tiene opción, porque para eso existió, porque para eso nació y ya fue, ya me estoy riendo con el siguiente.

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