La mayor diferencia entre vos y yo (además de tu acefalía) es que te creés demasiado y sos un fracaso, una vergüenza como hombre, una pena como familiar, un asco de persona. Te jactás, pensás que sos mejor de lo que más odiás de tu sangre cuando sos igual o peor. Un boludito, un infantil, un enfermo de los celos, sin motivos, claro. Abrí los ojos y mirá lo poco que sos, lo poco que hiciste y lo muy poco que vas a llegar a hacer, porque naciste fracasado y se nota en cada uno de tus actos. Hasta en tu cara se notan esos tristes razgos de infelicidad. Y así te vas a morir, siendo nada, siendo nadie.
Y dedico estos minutos de mi vida a escribirte esto porque, como yo sí hago uso de una razón que es más fuerte que mis años, y viendo el caracter indomable de la estupidez que te condena, no me queda otra manera de evacuar el rechazo y la decepción que junto con la resignación y la marginación convierten mi día a día en una lucha eterna contra vos y contra mí, al ver bajo mis pies el campo de batalla de tantos sentimientos desagradables luchando a muerte contra mi racionalidad, poniendo a prueba mi madurez y mi valor como persona.
Quiero decirte también que no vas a lograr nada (como es habitual en tu vida) conmigo... No vas a lograr, más allá de algunos quiebres inevitables (que jamás vas a notar) producto de tu constante ataque, a veces silencioso a veces demasiado explícito, que yo haga lo que vos querés. No vas a lograr tampoco que estén ellos en mi contra, porque, muy a tu pesar, ¡Me quieren más! y eso es algo que deberías aceptar de una vez, porque te está consumiendo por dentro, y por fuera. Siempre vas a ser menos que yo, pasen los años que pasen, hagas lo que hagas, nunca vas a estar adelante mío, y ese fue tu peor error, rebajarte a la altura de un pibe de 15 años y perder, no soportarlo y vivir tu miserabilidad midiéndote con él. ¡Pobre diablo!
Y para terminar, no voy a decir esas boludeces de "te deseo lo mejor", "que te vaya bien", porque sería estúpido e hipócrita, además de un cliché... ¡Te deseo lo peor! Que sigas siendo igual de mediocre (aunque nunca lo podrías cambiar ni aunque quisieras) y que algún día veas lo insignificante que fuiste y sos, y proyectes a futuro la realidad de tu ineptitud para la vida.
Sin cariño, Cristian.
Y dedico estos minutos de mi vida a escribirte esto porque, como yo sí hago uso de una razón que es más fuerte que mis años, y viendo el caracter indomable de la estupidez que te condena, no me queda otra manera de evacuar el rechazo y la decepción que junto con la resignación y la marginación convierten mi día a día en una lucha eterna contra vos y contra mí, al ver bajo mis pies el campo de batalla de tantos sentimientos desagradables luchando a muerte contra mi racionalidad, poniendo a prueba mi madurez y mi valor como persona.
Quiero decirte también que no vas a lograr nada (como es habitual en tu vida) conmigo... No vas a lograr, más allá de algunos quiebres inevitables (que jamás vas a notar) producto de tu constante ataque, a veces silencioso a veces demasiado explícito, que yo haga lo que vos querés. No vas a lograr tampoco que estén ellos en mi contra, porque, muy a tu pesar, ¡Me quieren más! y eso es algo que deberías aceptar de una vez, porque te está consumiendo por dentro, y por fuera. Siempre vas a ser menos que yo, pasen los años que pasen, hagas lo que hagas, nunca vas a estar adelante mío, y ese fue tu peor error, rebajarte a la altura de un pibe de 15 años y perder, no soportarlo y vivir tu miserabilidad midiéndote con él. ¡Pobre diablo!
Y para terminar, no voy a decir esas boludeces de "te deseo lo mejor", "que te vaya bien", porque sería estúpido e hipócrita, además de un cliché... ¡Te deseo lo peor! Que sigas siendo igual de mediocre (aunque nunca lo podrías cambiar ni aunque quisieras) y que algún día veas lo insignificante que fuiste y sos, y proyectes a futuro la realidad de tu ineptitud para la vida.
Sin cariño, Cristian.
No hay comentarios:
Publicar un comentario