viernes, 23 de diciembre de 2011
Esta va a ser otra triste navidad, otro triste año nuevo. ¡Qué mejor manera de empezar el año que sintiéndose solo! Comer con extraños que parecen no estar a gusto con tu presencia para posteriormente pasar un incómodo "12enpunto" con 5 segundos de intensa dubitación de "a quién saludás y a quién no", un par de saludos forzados, dos o tres sonrisas falsas, cuatro o cinco tímidos "chinchín", seis o siete miradas de desprecio, ocho o nueve lágrimas ahogadas y a la calle, ¿A qué? Saludar a los vecinos, 40% caras nuevas, 30% ya no se acuerdan de vos, 10% no querés ver y ese 10% que querés encontrar, no sabés dónde está. Te persiguen los fantasmas de navidades pasadas y te hacen recordar los sabores que ya no saboreás, los olores que ya no sentís, los colores que ya no ves. Te cruzás con gente que no podés esquivar y al saludarla te deja más triste de lo que estabas, y algunos recuerdos melancólicos de otras épocas que no estás muy seguro de querer olvidar o recordar para siempre. Hacés un par de cuadras como perdido en los fuegos artificiales, mirando alrededor en busca de algo que te haga sentir en casa, alguna sonrisa cómplice, algún saludo medianamente cálido, aunque sea una cañita voladora que te pegue y te haga saber que todavía existís en forma corpórea. Pero los únicos que te siguen son esos benditos fantasmas de un ayer tan lejos, como triste, como elegido. Llegás a un lugar, pero no sabés si querés estar ahí... Vos sabés con quién querés estar, pero no vas a estarlo, no. Así que agachás la cabeza, mirás el suelo bajo tus zapatillas pseudo-limpias medio rotas, tomás aire, suspirás con algo de dolor, algo de orgullo y bastante tristeza, levantás la cabeza y decís alguna boludés, nada de otro mundo pero algo muy vos... Tirás unas cuantas sonrisas y te calzás la careta perfecta para tu cara, hasta mañana.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario