Nacemos, indefensos, frágiles, dependientes.
Nacemos, vacíos y llenos a la vez.
Nacemos, condenados a morir.
Pero la complejidad del principio y la simpleza del final no son lo más fascinante de existir, sino la trayectoria de un punto a otro, eso que por ley natural nos pertenece.
El camino que nosotros forjamos con cada paso.
Cada decisión, mala o buena.
Cada movimiento, útil o inútil.
Guiados por nuestros instintos, encaminados por nuestra razón.
Dejando atrás el principio y esquivando el final.
Dueños de nuestro mundo.
Creadores de nuestra perpetuidad.
Excediendo nuestra libertad.
Viviendo.
Libres.
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