Tengo una mochila llena de errores, los bolsillos repletos de fracasos y la cabeza atestada de contradicciones. Sé de dónde vengo pero ya no sé a dónde voy. Pensaba que sabía quién era, o mejor dicho, cuando pensé que por fin estaba empezando a conocerme, me volví a desconcertar. No sos especial, no sos diferente, no sos único. No tenés convicciones inquebrantables, ni seguridad inédita, sos otro pobre diablo, otro ser humano insípido poblando la ciudad. Pudiste ser alguien, eras alguien, eras Cristian y te gustaba serlo. ¡Qué cagada! Rompiste en mil pedazos tu imagen personal, cuanta vanagloria al pedo que se va por el caño. ¡Idiota! ¡Idiota! Cada paso que das es un error fresco que se suma a tu ya podrido montón. Y lo peor es que no sos vos solo el que se hunde. ¡Egoista! Pensá, pensá, pensá, hasta que te des cuenta que esto no se arregla pensando. Y cuando caigas en eso, seguí pensando, porque otra cosa no podés hacer. ¡Harto! ¡Harto! ¡Estoy harto de errarle! No puedo afinar la puntería, no puedo ver bien. ¡Ciego! Si es más claro que el agua. No, no lo es, el agua se enturbia fácil. Complicado, ¡Muy complicado! Mal, mal, muy mal. Triste, muy triste. ¡Te lo merecés! Débil, no supiste llevar las cosas. Ahora jodete ¡Jodete! Qué mal, mal, mal, mal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario